Cine Certificado

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“Tenemos que hablar de Kevin”: Incomodidad Coherente.

Tenemos que hablar de Kevin

Cartel promocional del film

Tenemos que hablar de Kevin Lynne Ramsay (2011)

¿Incómodo con mi madre?. Esta pregunta irónica que formula Kevin a su madre podría ser el eje sobre el que bascula todo el territorio del filme de Lynne Ramsay. Tenemos que hablar de Kevin es una película incómoda, pero eso no quiere decir que sea una mala película, todo lo contrario. Eso ya de por sí es una ironía.

El principal esfuerzo de la realizadora es transmitir en todo momento el estado anímico y emocional de los protagonistas, y ese es un objetivo plenamente conseguido.

La historia de una madre que ve truncada su vida por el nacimiento de un hijo no deseado, al que va a ver como algo “Incómodo”, puede parecer más liviana de lo que Ramsay nos va a a mostrar. Mediante continuos flashbacks, la realizadora nos mostrará el procesos de formación de un monstruo, un Kevin (Ezra Miller en la pubertad, con un trabajo que por momentos asusta por el terror que transmite su frialdad) que en el fondo no hace más que reaccionar a los inputs de su madre y del entorno que le rodea. Tal vez el abuso de los flashbacks hagan que el espectador se pierda en algún momento dentro de la historia.

Tilda Swinton

Tilda Swinton hace un papel gigantesco.

Siempre desde el punto de vista de la protagonista Eva (estratosférica Tilda Swinton), podremos asistir y sentir ese proceso de creación, desde su gestación no deseada, hasta la última de las consecuencias en la pubertad de Kevin. Este será un camino paralelo a la violencia in crescendo del joven retoño.

La directora se encarga de transmitir esas sensaciones, emociones o violencia a través de diferentes recursos audiovisuales, pero es interesante remarcar el uso de los colores. Un uso muy diferente al de Resnais, del que precisamente hablábamos esta semana por el estreno de Las Malas Hierbas, mientras que el director francés utiliza el cromatismo buscando el placer estético y el homenaje al territorio de musical hollywoodiense, la realizadora británica utiliza el rojo como estímulo psicológico, es un aviso de la violencia  y terror en las que nos encontramos sumidos en todo momento. La música  sirve de contrapunto, apoyando y reforzando el recorrido emocional de la protagonista.

Pero todo este ejercicio está al servicio del mensaje de la obra: Nuestros actos, comportan consecuencias tanto a corto como a largo plazo. Un mensaje muy similar al de los Idus de Marzo de George Clooney (salvando las distancias). Si bien Eva es consciente del proceso de demonización de Kevin, es incapaz de parar este viaje hacia el infierno más vivaz y rojizo que uno pueda imaginar.

 

Tenemos que hablar de Kevin

Daños Colaterales.

 

El ejercicio audiovisual es incómodo, pero  porque los mismos personajes viven una realidad incómoda, la misma historia es perturbadora. La directora consigue alinear historia, mensaje y estilo, se arriesga, por lo que aún le da más valor al resultado final, difícil para el espectador palomitero, pero terriblemente sincero y consecuente con el público que se acerque a visionar el filme.

Nivel Gallina de Piel: 8,25

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Esta entrada fue publicada en marzo 26, 2012 por en Estrenos, Gallina de piel y etiquetada con , , , , , .
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